viernes, junio 01, 2007

No es lo mismo “estoy con dos perras negras al pie de mi cama” que “estoy con dos perras negras en mi cama”

La historia que leerán a continuación está basada en una historia real, mejor dicho, es una historia real, pero como uno tiene complejo de big fish, es probable que lo que pasó no coincida con lo que percibí en realidad.

Soñaba plácidamente con la blanqui (el sueño no era muy plácido que digamos, pero este blog es leído por menores de edad), cuando de pronto me despierta el escándalo de la gata, que estaba junto a mi cama con sus seis retoños recién nacidos. En eso vi un par de perras negras, la una estaba algo asustada por el escándalo de la gata, y la otra me observaba fijamente mientras se acercaba a la caja de la gata.

Hay que aclarar que este post no tiene el auspicio de lexmark. En todo caso, di unos gritos varoniles para espantar a las perras. En realidad, los gritos me hicieron pensar en el jorobado de notre dame en una noche de pasión salvaje con la Esmeralda.

Mi grito sí asustó a las perras, pero se quedaron observándome estáticos mientras yo les gritaba con voz atarzanada “¡fuera malditas perras!”. Mi hermana entró a mi habitación preguntándome a quién había metido en mi sacrosanta morada. Le aclaré que me refería a las dos perras negras que asustaron a la gata. A esas alturas, las perras habían escapado perseguidas por la gata, cuyo instinto materno resultó más efectivo que mi pereza a la hora de perseguir a las invasoras.

Buscamos a las perras por toda la casa, pero no aparecieron por ningún lugar. Con las ventanas y puertas cerradas, mientras mi temerosa y supersticiosa familia se preguntaba cómo habían salido, yo me preguntaba cómo habían entrado.

Mi madre fue la primera en afirmar que se trataba de un par de entes que se habían materializado para castigarme por mi maldad. Traté de recordarles que soy más bueno que el pan de dulce, pero a esas alturas, ya había una turba enardecida tratando de defender los intereses de la blanqui.

Mi hermana les explicó la diferencia entre “dog” y “bitch”, y eso los tranquilizó. Se ofrecieron a apedrearme a las afueras del templo si volvía a ser visitado por los demonios, pero yo aclaré que seguramente estaban allí porque uno de los seis gatos tenía el número 666 marcado en el costado izquierdo.

Nomás por si las moscas, se busca bruja (buena) pa que me proteja de las perras malas. (así es, sigo en la onda gótica, nomás por eso no publico las últimas fotos que me han tomado)
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