Como si fuera poco con los errores cometidos por el alcalde Jaime Nebot por el tema competencias, sus asesores lo llevan a otro error, que por más que traten de minimizarlo, pone en evidencia el espíritu de la vieja época que Ecuador ya está superando. En vez de planificar el crecimiento urbano de la ciudad, se han dedicado a instalar estatuas en las calles para recordar a los invisibilizados del Guayaquil del pasado, el Guayaquil que recién empezamos a superar, ese en el que se pretendía mantener la miseria como parte del folclor.
La estatua de un niño betunero podría pasar como una torpeza si se hubiera quedado allí, pero además, el alcalde Jaime Nebot posó para las fotos con la estatua que representaba al niñito pobre y descalzo. Como no entienden el cambio de época, Nebot y sus asesores no captan que ya estamos superando la maldición del trabajo infantil y que eternizarlo y banalizarlo con una estatua para que los turistas se sienten y posen para la foto, no ayuda a superar ese pasado en el que nada hacía el Estado para impedir semejante atentado contra la niñez.
Si ya es un problema que hagan una estatua al trabajo infantil y que el mismo alcalde aparezca como modelo de explotación a un niño descalzo, peor aún resulta la reacción de muchos de sus acólitos, incapaces de decirle a su alcalde que cometió un error y que debe rectificar. Incapaces al menos de un silencio vergonzoso. Incapaces de notar que defender el error de su líder es perjudicial para los niños y niñas.
La respuesta de Nebot es tan simplona como patética: De entrada, se jactó del busto de #LFC que puso en una laguna artificial (que me recuerda a la laguna de Yambo) y omitió que nunca pudo ubicarla frente al Cerro Santa Ana. Trató sin argumentos de posicionar que el trabajo infantil es parte de la historia e insinuó que ya cambiaron eso. Incapaz de defender lo indefendible y de rectificar su error, olímpicamente se desmarca del debate sobre la explotación infantil, o de la propuesta pelucona de que, en plena época de erradicación del trabajo infantil, los turistas se puedan tomar fotos ante la estatua que representa a un niño trabajador pobre y descalzo. Para desviar y politizar el tema, le responde únicamente al Presidente, como si el resto de la sociedad no hubiera cuestionado semejante torpeza.
Aquellos que justifican la estatua con el cuento de que el guayaquileño trabaja desde niño para sacar a la ciudad adelante, ¿Les parece bien que niños descalzos recorran la ciudad exponiéndose al abuso sexual, la drogadicción, el hambre y la sed? Si realmente están de acuerdo con el trabajo infantil, ¿ya sacaron a sus hijos a que trabajen en la calle?
Aquellos que pretenden desviar la atención y dicen que aún hay trabajo infantil, ¿Creen que por que aún hay está bien hacerle monumentos? ¿Cuántas veces han denunciado ante las autoridades competentes los casos de explotación infantil que han detectado?
Y lo más importante, si tanto quiere perennizar el trabajo de los que se esfuerzan para sacar a su familia y a Guayaquil adelante, ¿Qué espera Nebot para inaugurar el monumento al trabajador informal sometido por un grupo de robaburros? Así seguiremos con el viejo país que algunos aún no entienden que debemos superar.
En el programa de televisión Parks and Recreations, la ciudad ficticia de Pawnee tiene varios murales en los que recuerdan la historia del pueblo. Es triste notar la semejanza de criterio con el que Pawnee y Guayaquil han tratado de eternizar su pasado. La diferencia es que Pawnee fue concebido como un chiste.
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domingo, noviembre 02, 2014
miércoles, noviembre 23, 2011
Informales
Revista La Otra #1
También deberían darles zapatos de correr, para cuando deambulen en “zona regenerada” ofreciendo al apuro su vaso ‘e cola a diez centavitos; o en caso de que les toque agarrar las cuatro esquinas de su pedazo de plástico lleno de baratijas, huir como almas que lleva el diablo y evadir los macanazos defensores del status quo.

Al menos no están tan mal como los invidentes, que hace pocos meses solo pudieron escuchar y oler la prepotencia de los metropolitanos que los rodearon para evitar que vendan sus productos, cosa que para los represores constituye un atentado contra el exitoso modelo de desarrollo local. Sitiadores y sitiados permanecieron allí durante horas, mientras los transeúntes observaban, pasaban de largo, protestaban, criticaban a los invidentes por jachudos, o admiraban la belleza de las palmeritas y adoquines para evadirse de esa realidad que a otros les toca vivir.

Al menos no están tan mal como los invidentes, que hace pocos meses solo pudieron escuchar y oler la prepotencia de los metropolitanos que los rodearon para evitar que vendan sus productos, cosa que para los represores constituye un atentado contra el exitoso modelo de desarrollo local. Sitiadores y sitiados permanecieron allí durante horas, mientras los transeúntes observaban, pasaban de largo, protestaban, criticaban a los invidentes por jachudos, o admiraban la belleza de las palmeritas y adoquines para evadirse de esa realidad que a otros les toca vivir.

Y es que en el puerto principal nunca falta el tibio que manifiesta un temor reverencial al caos y al pasado vergonzante de las administraciones municipales precedentes. A veces dicho caos es una pared pintada por un grupito de hipsters, cuya libertad de expresión vale menos que la de los poderosos acostumbrados a imponer o evadir causas según su conveniencia, y a quienes debemos respaldar si así lo decide el redentor local. No es de sorprender que las víctimas del desempleo que tratan de sobrevivir el día de hoy, en navidad aparecerán como revoltosos cochinos que atentan contra el concepto de orden impuesto a toletazos en una ciudad portuaria que siempre ha sido plaza de informales, particularmente en navidad y fin de año.
Ese concepto de orden, que impone el glamour de los adoquines sobre la dinámica de la gente y coarta con pintura gris las iniciativas particulares, tiene defensores convencidos que siguen la corriente y nos recuerdan el basurero de antaño y el caos que las nuevas generaciones de electores nunca palparon. Defensores obnubilados por el “progreso” que llegó cuando adoquinaron el Malecón, el Centenario y los barrios que les siguieron hasta llegar a una pileta que dizque nos ha puesto a la altura de las grandes ciudades del mundo, aunque a veces y sin previo aviso, los cortes de agua nos hagan aterrizar en el vacío de los discursos que, luego de casi 20 años, no han soslayado las inequidades y contradicciones aún pendientes.
Ese concepto de orden, que impone el glamour de los adoquines sobre la dinámica de la gente y coarta con pintura gris las iniciativas particulares, tiene defensores convencidos que siguen la corriente y nos recuerdan el basurero de antaño y el caos que las nuevas generaciones de electores nunca palparon. Defensores obnubilados por el “progreso” que llegó cuando adoquinaron el Malecón, el Centenario y los barrios que les siguieron hasta llegar a una pileta que dizque nos ha puesto a la altura de las grandes ciudades del mundo, aunque a veces y sin previo aviso, los cortes de agua nos hagan aterrizar en el vacío de los discursos que, luego de casi 20 años, no han soslayado las inequidades y contradicciones aún pendientes.
Es evidente que el comercio informal debe regularse, pero con diálogo y respeto. Solo así podremos hablar de verdadero progreso. En los últimos años se han organizado muchos comerciantes que piden diálogo, proponen cambios y esperan que todo mejore. No es que les guste el caos, se opongan al alcalde o respalden ciertos intereses políticos. Su prioridad es llevar la comida diaria al hogar. Hasta lograrlo, a algunos de ellos no les queda otra opción que jugarse el pellejo, esperando regresar a casa ilesos y con el pan para su familia. Para nosotros es más simple. Basta mirar hacia otro lado.
miércoles, enero 27, 2010
Para los que van a marchar por su sánduche
"Aqui no podemos confiar fundamentalmente en los dirigentes barriales del partido porque esa gente es poco responsable, esa gente que si no tienen el sanduche no trabajan porque tienen hambre. Si tienen su sanduche, no trabajan porque hay hacer la siesta.
Pero señores aqui nos estamos jugando todos el pellejo..."
-Ab. Jaime Nebot Saadi-
¿Cuándo es la marcha de protesta por este atentado a la dignidad por parte del alcalde de Guayaquil?
lunes, marzo 30, 2009
Otro abuso de los policías metropolitanos de Guayaquil
por Karen Silva
Siempre saldrán las excusas de aquellos que no ven más allá. Entonces te dicen "ustedes se lo buscaron", "ustedes provocaron" "ustedes son los culpables" "son algunos malos elementos", "son empleados nuevos", etc.
(foto via)
Quisiera que quiénes lean esto y sientan que alguna vez justificaron alguno de estos actos (el robo de la cámara, el golpear a los informales, el perseguir un carro de campaña y caerle a batazos) piensen por un momento en el trasfondo de todo esto.
La profundidad de estos síntomas la podemos notar cuando nos enteramos que hace más de 6 años ya se daban agresiones de los robaburros a los comerciantes, periodistas e inclusive personas con capacidades especiales.
Fue una terrible sorpresa la que me llevé cuando leí en los archivos del CDH el abuso cometido por los metropolitanos a Martín Herrera, fotógrafo de El Universo, le arrebataron la cámara de fotos en una protesta de los informales y destrozaron su cámara (sino me equivoco en el 2003).
La única diferencia por supuesto es que se habían metido con uno de los medios más grandes del país y yo en cambio no trabajo para ninguno. En ese entonces Nebot aparentemente despide a ese metropolitano.
Sin embargo no quiero que se entienda esto como una queja de algo personal. Lo que intento demostrar es que esta es la forma en que el Municipio se impone de manera autoritaria sobre los que piensan distinto.
"Aaah... estos son cholos coleros, no me importa que no tengan trabajo y no me interesan sus necesidades... sáquenlos del centro que afean la ciudad".
El gordito ladrón de mi cámara y todos sus compinches, muchos jóvenes lastimosamente, no son más que los empleados enviados por altos funcionarios municipales que a su vez sólo siguen el modelo autoritario implantado por el bigotón. Nunca había entendido tan bien el término fascista.
Increíblemente en un documental escuché a Andrés Roche, hoy candidato a la Asamblea, justificar los actos de violencia contra informales diciendo "Son gente de PAIS". ¿Acaso no hay libertad de asociación ahora? En Guayaquil no se puede simpatizar con un partido diferente al del Municipio pues entonces eres objeto de abusos, desprecio y golpes.
Ahora lo más importante: Muchas amistades mías igual votarán por el bigotón a pesar de todo, bajo el pretexto de que la ciudad está más bonita y duele realmente porque es una aceptación al abuso de poder municipal.
Esto va más allá de una opción electoral y por eso no estoy diciendo voten por fulano de tal. Estas elecciones serán una opción de vida que los guayaquileños tendremos que hacer, pero no del estilo de vida individual que quiero tener yo que voy en mi carro con aire acondicionado, sino de la forma en que quiero que todos los guayaquileños vivamos, no con adoquines y sí con trabajo, no con palmeras y sí con dignidad, no con rejas en los parques y sí con agua de calidad , no con robaburros abusivos y si disfrutando de mi ciudad, su gente y sus costumbres.
Siempre saldrán las excusas de aquellos que no ven más allá. Entonces te dicen "ustedes se lo buscaron", "ustedes provocaron" "ustedes son los culpables" "son algunos malos elementos", "son empleados nuevos", etc.
(foto via)Quisiera que quiénes lean esto y sientan que alguna vez justificaron alguno de estos actos (el robo de la cámara, el golpear a los informales, el perseguir un carro de campaña y caerle a batazos) piensen por un momento en el trasfondo de todo esto.
La profundidad de estos síntomas la podemos notar cuando nos enteramos que hace más de 6 años ya se daban agresiones de los robaburros a los comerciantes, periodistas e inclusive personas con capacidades especiales.
Fue una terrible sorpresa la que me llevé cuando leí en los archivos del CDH el abuso cometido por los metropolitanos a Martín Herrera, fotógrafo de El Universo, le arrebataron la cámara de fotos en una protesta de los informales y destrozaron su cámara (sino me equivoco en el 2003).
La única diferencia por supuesto es que se habían metido con uno de los medios más grandes del país y yo en cambio no trabajo para ninguno. En ese entonces Nebot aparentemente despide a ese metropolitano.
Sin embargo no quiero que se entienda esto como una queja de algo personal. Lo que intento demostrar es que esta es la forma en que el Municipio se impone de manera autoritaria sobre los que piensan distinto.
"Aaah... estos son cholos coleros, no me importa que no tengan trabajo y no me interesan sus necesidades... sáquenlos del centro que afean la ciudad".
El gordito ladrón de mi cámara y todos sus compinches, muchos jóvenes lastimosamente, no son más que los empleados enviados por altos funcionarios municipales que a su vez sólo siguen el modelo autoritario implantado por el bigotón. Nunca había entendido tan bien el término fascista.
Increíblemente en un documental escuché a Andrés Roche, hoy candidato a la Asamblea, justificar los actos de violencia contra informales diciendo "Son gente de PAIS". ¿Acaso no hay libertad de asociación ahora? En Guayaquil no se puede simpatizar con un partido diferente al del Municipio pues entonces eres objeto de abusos, desprecio y golpes.
Ahora lo más importante: Muchas amistades mías igual votarán por el bigotón a pesar de todo, bajo el pretexto de que la ciudad está más bonita y duele realmente porque es una aceptación al abuso de poder municipal.
Esto va más allá de una opción electoral y por eso no estoy diciendo voten por fulano de tal. Estas elecciones serán una opción de vida que los guayaquileños tendremos que hacer, pero no del estilo de vida individual que quiero tener yo que voy en mi carro con aire acondicionado, sino de la forma en que quiero que todos los guayaquileños vivamos, no con adoquines y sí con trabajo, no con palmeras y sí con dignidad, no con rejas en los parques y sí con agua de calidad , no con robaburros abusivos y si disfrutando de mi ciudad, su gente y sus costumbres.
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