Libros

selección natural, tercera edición
Pueden ver algunos poemas de la tercera edición en este link 


selección natural, segunda edición
2013


2010

selección natural, de Rafael Méndez

Desde la primera vez que escuché en algún recital porteño a Rafael Méndez Meneses me llamó sobremanera la atención esa forma tan desenfadada que tenía de escribir poesía. Desde ahí me fueron llegando de su misma mano los poemarios: “Principio del caos Jamás acaecido”, y “Que mi alma se la lleve el diablo”, junto con algunas antologías en las que consta.

SELECCIÓN NATURAL, el libro que nos convoca consta de tres partes: la primera “selección” que contiene textos inéditos, y los restantes una compilación de los otros libros del autor.

Entre los nuevos textos poéticos de Rafael Méndez Meneses y los anteriores libros se evidencia un equilibrio, pues lejos de derramar ingentes odres sobre los lectores, seguimos bebiendo de la misma poesía revitalizadora, fresca, y decidora a las que nos tiene acostumbrados, no creo que debamos hablar de una madurez de su decir, pues el caso es que sin duda el poeta ha sabido desde el inicio que y como quiere expresarse.

Para Méndez la poesía es lo que es él, consecuencia de un mismo ritmo, ritmo que va a la par con su andar, subyace en el, vive en él se expresa en él y se revela per se, cito en La poesía es una revelación que subyace irrelevante:

Vaga entre las zarzas
los edificios ruinosos
y las calles hediondas
pende en la punta de la lengua
de algún mozalbete
un bandolero
Se torna lágrima
Sarcasmo
y se oculta finalmente
detrás de un árbol
o debajo de una piedra
a acechar
con paciencia

Sin duda este es de cuerpo entero Rafael Méndez, el que avista la poesía desde cualquier ángulo, y se deja encontrar a la vez que encuentra que decir en cualquier sitio, es el poeta vinculado indisolublemente al oficio de vivir y escribir siempre en una misma sintonía.

En “Principio del Caos jamás acaecido” (segunda parte del libro ) Méndez nos muestra una poética de universales y variados contenidos, donde los temas amorosos tienen su puesta en escena particular, la de Rafael Méndez Meneses, quien ironiza con tales temas llevando hasta el final del poema un acento ecuánime, para rematar con una insospechada sorpresa poética, así en Falso Profeta cito :

La zarza ardiente
ante la cual te quitaste las sandalias
y la ropa
La labia barata
que te prometió el paraíso
y la luna y las estrellas que bajé del firmamento
se han disuelto ya con la mañana
y no hay nada de apoteósico
en mi falta de coordinación al levantarme
mi amor desmitificado
mis cartas marcadas
de viejo tahúr en la mesita
Pero qué diablos
si más se perdió en la guerra
y has votado por orates mentirosos
Entonces
mujer de poca fe
no te fijes en detalles guapa
y déjame embaucarte un rato más

o el poema Negación

Ayer no pensé en ti
y me di palmaditas en el hombro
me brindé un cigarrillo una colita
Albricias flaco ya era hora
de dejar
de aplastar rewind en ese casette
de no andar pensándote
por el gusto de amargarme la vida
para no caer en otra
y esperarte
como muérgano recluta
como sonzo boludo

Caminé nomás por allí
contento porque no te recordaba
enumeraba
los detalles olvidados
con esa idea fija en la cabeza
de que ya no pensaba más en ti

En el segundo libro Que mi alma se la lleve el diablo el poeta se decanta hacia una definitoria voz, esa voz que todos los poetas buscan y que solo pocos logran encontrar, voz que en Rafael Méndez Meneses se torna vital y recurrente, mostrando una gran “facilidad” al pasar de lo cotidiano a lo sardónico, merodeando sin miramientos por la exquisita línea del humor negro y transformarlo en versos, de impresionante limpieza estilística.

Talvez se trate de un ejercicio lúdico o inconscientemente del autor, o quizás el resultado de un propósito consciente para hacernos reflexionar retozadamente sobre temas que a veces nos parecen irrelevantes, - eso solo lo puede explicar su autor- , lo cierto es que Rafael Méndez tira la piedra, y una vez cumplido su propósito esconde la mano para que seamos nosotros, los lectores los que juzgamos de acuerdo a nuestras experiencias vitales. Así el poema La camiseta del ché cito:

Allí está tu hijo
con su barba
su boina del che
su camiseta del che
y las frases del che
con sus botas
Grita consignas ese vago
Nos jode la vida el muy pendejo
mientras vos
te partes el lomo en nuestra factoría
de camisetas del che
y lavas nuestros platos
le envías unos dólares
para que el cojudo nos compre
otra camiseta del che

O este poema:

A propósito de la película Blood Diamond
Si decimos
que nos preocupa África
es porque realmente nos importan
los 200 mil niños soldados
y nos tranquiliza saber
que Sierra Leona está en paz
Tanto nos tranquiliza
que al llegar a la salida del cine
ya nos hemos olvidado del asunto

Méndez nos lleva de la ternura a la Ironía, pasa por la risa para luego llevarnos a la reflexión. Hablamos entonces del poeta comprometido, tanto en la forma y medida de su palabra, como en los temas tratados; ¿Quién no recuerda a la chica golpeada en el metro de Madrid ? para ilustrar esta y otras escenas, aparecen poemas como: Madre Patria, Playa , Náufrago, Cabeza hueca, entre otros.

Seguimos escuchando en los recitales de jóvenes poetas que la poesía no tiene un propósito, que la poesía no es para ser leída y conmover, menos aun para llevar mensajes o para reflexionar sobre ella, es simplemente para escuchar en un casi efímero instante; particularmente me inclino por aquella que me hace percibir, entre los sentidos y la memoria todos los registros posibles y que estos se adhieran en el subconsciente aunque sea en retazos.

En Méndez se evidencia una antipoesía imposible de encasillar, lenguaje directo y sin “tapujos ” - para sintonizarnos en su mismo decir- , el poeta no crea un orden lógico para su palabra y menos aún, plantea posturas elitistas en su decir, solo entrega lo que es y tiene, un exquisito humor a flor de piel, un marcado acento informal pero contundente.


Que mi alma se la lleve el diablo
2008

La voz de Rafael
Xavier Oquendo Troncoso

Antipoético. Irreverente. Lanza sus dardos con humor y verdad, sin la liturgia del metalenguaje. Sin recurrir a los dioses griegos ni a paganismos sin sustento que los recoja. Sin epígrafes de “genios”, sin “Poética del Silencio”, sin aspavientos, sin esas parafernalias de los poetas jóvenes de nuestro tiempo y país, que más son lo que dicen ser, que lo que se dejan leer.

Rafael nos enfrenta al espejo de su verdad con estos recursos tan preciados que ahora presta “el lugar común”; usado ya, y con magnífica solvencia, por el maestro Nicanor Parra o por nuestros grandes poetas Euler Granda y Sonia Manzano. Sosteniéndose en esa forma que de tanto haber huido el común de los poetas se ha vuelto un recurso tan nuevo.

Rafael, el crítico. Poeta social. Poeta de nuevos afectos. De verdadera autenticidad. No se deja ver en su discurso esa “divinidad” del “exquisito”, sino que por las arterias de sus versos, fluye ese discurso vital, ese ritmo legible.

Este poeta sabe “que la vida va en serio” y que la poesía puede ser el instrumento más loable para alcanzar, sin ningún lenguaje ríspido, el poema.

Sabe también que la poesía es un misterio y que ella es o no es. Y que no hay ningún tipo de herramienta para llegar a ella. Y que tampoco hace falta talleres o discusiones semióticas. Que solo hace falta el talento que es el verdadero misterio.

Ahora sí estoy convencido de que la poesía es la que escoge al poeta, y no hay viceversa.

Versos que salen de la brevedad, de la cotidianidad, de la misma médula que fabrica la vida. Y que se dejan leer como un suspiro, y que luego, al finalizar la lectura, nace el verdadero poema, que es el que se queda en el lector.

Mucha poesía, en esta época, está destinada a no ser leída. A ser mármol del lenguaje. A ser poseída por la “inmensa minoría” de la que tanto habló Juan Ramón, tratando de justificar sus pocos lectores. Aunque Jiménez sabía, como bien dijo Celaya, que “la poesía es un arma cargada de futuro”, siempre dejó notar que era una cosa de elegidos. No solamente los poetas eran los “semidioses”, si no también sus lectores, lo cual suena peor.

Pero en este libro hay poesía para leerla en “inmensas mayorías”, y entonces allí se verificará el adagio aquel de que las reglas no sirven cuando la regla mayor nos dice que siempre las excepciones serán oportunas.

Me gusta esta poesía por su ironía: lo que dice, lo dice siempre con un doble filo. Con un cuchillo abierto a la risa y a la sangre.

Aunque algunos versos puedan parecernos una suerte de graffiti de papel, en ellos está aquel discurso verdadero que posee la poesía y que no debe estar escrito: ese ritmo que conmueve, esa posibilidad que no cuenta sino que expresa. Y ese movimiento que se mezcla con las enormes posibilidades que la poesía tiene para ser poetizada en su lector.

Bienvenidos a la poesía de Rafael. Bloggero, pendenciero y poeta. Creo que también tiene de músico y de loco, pero no importa. Sus poemas dicen. Están en la epidermis del lenguaje para que todos los podamos disfrutar.

Y además, y esto me parece lo más importante, Rafael ha hecho de su discurso una voz. Muchos poetas de mi generación se repiten entre ellos. Suenan igual, parecen los mismos.

Me gusta que la voz se diferencie. Sea distinta. Y esto lo tiene el autor de este libro. Además de un toque irrisorio de locura, y una vida que no es postiza.

Ni más ni menos


La antipoesía de Rafael Méndez
Alexis Cuzme

Que el humor en la poesía ha sido algo escaso en Ecuador, nadie lo niega. El formalismo y la solemnidad de los discursos, por una parte, y la rabia, subjetividad y experimentación por otra, han sido signos que han servido y sirven para identificar gran parte de la producción de la joven poesía ecuatoriana.

Rafael Méndez Meneses (Guayaquil, 1976) es uno de esos casos raros de poesía humorística, sarcástica, burlesca, negra de fondo, que no tiene reparos en escupir a diestra y siniestra todas las verdades que se hayan, como vómito ignorado, arrinconadas dentro del entorno literario, no solo de nuestro país, sino de distintas geografías.

Su tercer poemario (Que mi alma se la lleve el diablo, 2008) es una clara muestra de lo que se sustenta (que tuvo su inicio con su antecesor Nadie es poeta en su tierra, 2006, y casi nada con su ópera prima Principio de caos jamás acaecido, 2004).
Poesía estremecedora, apabullante en los mensajes explícitos y descarados que el autor suelta como granadas contra un hipócrita auditorio que ha preferido -por el bien de todos y todas- el silencio.

“El Congreso está repleto / de cantantes, bailarinas / víctimas de la moda y de la injusticia. // Si no está plagado de poetas / es porque aún no hemos tocado fondo”, nos dice Méndez, poniendo en evidencia aquella absurda y a la vez deprimente realidad a la que constantemente los ciudadanos (y escritores, en menor proporción) nos enfrentamos.

Certero en sus figuras; desligado de cualquier compromiso literario de por medio, el autor arremete: “De sentimental a tansemental / de poeta malito a poeta maldito / de loca adefesiosa a mujer fatal / acá siempre se las ingenian / para mejorar el currículum”. Y no conforme, remata: “El hábito no hace al monje / los lentes no hacen / al intelectual / el libro publicado no hace / al poeta”.

La poesía de Méndez gira en torno a verdades soterradas, a aquellos lugares comunes dentro del frívolo y a veces desesperanzador panorama literario (y sobretodo poético: “Llamado de la naturaleza: / el poeta dejó de mirarse el ombligo al escribir / también los líos existenciales / los suicidios / y demás temas góticos que tanto venden últimamente. // Se puso a escribir sobre / el congreso los ladrones el imperio / y hasta sobre lo que pasa en Palestina. // Crucificado será por escribir poesía retro”) que en distintos espacios de nuestra patria se vive. Hay originalidad en los temas, y valentía al hacer frente a la problemática existente (Tracalada de borrachos / nerds, vagos, megalómanos / snobs, maricas, fatuos / intelectualoides de tercer mundo / los poetas siguen siendo incomprendidos”).

Para pocos será indiferente recordar, mediante la poesía de Méndez, que: “Lo bueno de las ferias / es que algún despistado se entera / de que tu libro existe / lo malo es que no lo compra / lo feo es que sí compra / el libro de cocina, los puemitas, la autobiografía / de la escritora improvisada de enfrente”. Pero más allá de toda la desesperación que la voz poética manifiesta -acerca de su entorno de poesía y espectáculo-, también está el tema social (tema clave y de constante reflexión en Rafael), pero desde la cómica-patética visión de su autor: “Sudacas: Nada bueno hacen por allá / salvo morir trágicamente / andar en pandillas / conciertos de tecnocumbia / puterías / y ya que estamos hablando del asunto / aportar con el nosecuánto por ciento del PIB”.

Que mi alma se la lleve el diablo, un libro prohibido para literatos y lectores cara de tucos. Rafael Méndez reafirma con este nuevo trabajo su labor personalizada de poeta-cómico-burlesco de nuestra sociedad disparatada y en constante renovación. Hay que leerlo para saber que no todo está bien a nuestro alrededor.


Nadie es poeta en su tierra
2006
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Nadie es poeta en su tierra
Fernando itúrburu

Los poetas tienen un mundo inmerso que poco a poco va saliendo en sus versos. Unos lo hacen con la fuerza de un volcán de expresiones y nos develan detalles de la cotidianeidad que, a simple vista, no percibimos. Otros van más allá, en una búsqueda constante de lenguajes y de un posicionamiento y des-posicionamiento visual y perceptivo que puede causar vértigo o reafirmación de valores.

En este ir y venir de la voz poética se fraguan poemas imaginativos, la palabra diaria se hace perdurable, y es sobria a ratos, irónica en su base, cuestionadora de lo que todos vemos pero ya olvidamos (porque lo que no vemos simplemente no existe. Por ver quiero decir ver con los sentidos de Alberto Caeiro o con la metafísica de San Juan de la Cruz). A estos últimos pertenece Rafael Méndez Meneses. Y junto a él, mucho de la gran poesía que están escribiendo las nuevas generaciones en Ecuador.

Es aún un nuevo poeta, pero sus preocupaciones son universales. Al mismo tiempo, como todo buen poeta, da afirmación a sus ideas en el tiempo histórico que vive, en sentimientos y pasiones concretas. Nada de pajareos y abstracciones, nada de jueguitos librescos a pretexto de "erudición". Creo en este libro de Rafael se percibe la mejor poesía de Ecuador, la de Hugo Salazar Tamariz y la de Adoum, aquella de Agustín Vulgarín y Fernando Nieto Cadena.

Percibo también al mejor Ernesto Cardenal, de manera más distante a un Parra y un Vallejo (¿No son éstos acaso de lo mejor que tenemos?) y tantos otros que siguieron el curso de los ríos pero para no seguir el curso de los ríos.

Quiera Dios y Rafael que su poesía siga el camino iniciado. Es lo que espero de él luego de leer este libro.




Nadie es poeta en su tierra, cuando su obra reclama
Alexis Cuzme

Hablar de hallazgos poéticos en nuestro país resulta un poco peligroso, puesto que el comentarista puede equivocarse o malinterpretarse su lectura con la mera alabanza derivada del amiguismo, un lugar común en nuestro país. Sin embargo ha sido todo un hallazgo la obra de Rafael Méndez Meneses, nada sabía de él como poeta salvo del humor de sus escritos en su blog, pero su obra más allá de recordarme a poetas que marcaron una época en el país como Euler Granda o en Latinoamérica como Ernesto Cardenal, se presenta con fuerza y trabajo con las palabras.

Su poética gira en torno a lo social: ese tema conflictivo que desemboca en contra de la política, dictaduras, genocidio, entre otras atrocidades que a muchos preocupan.

Nadie es poeta en su tierra (2006) es su segundo poemario y el primero que llega a mis manos. Un libro que no da respiro, donde el autor arremete con su crítica mordaz al sistema al que se ve atrapado como individuo.

Rebusca, desenreda y expone mucha de la problemática mundial que resulta imparable, pero lo hace con un estilo muy particular; su materia es la realidad, esa cruda y lamentable verdad que sofoca.

Hay una constante en sus poemas: ir mostrando, con humor e ironía, los abusos del poder (militar y político), como cuando nos dice en estos versos: “Que le escriba algo lindo me dice / de primaveras del sentido de la vida / de mi urgencia / por su cuerpo cardinal / No de dictadores ni Cortes de facto / vendepatrias / gringos belicosos y otras metonimias” (Mala leche).
Escarba, trabaja con lo hallado y expone la podredumbre del sistema; lo vuelve arte con un sentido social modesto de forma pero de honda reflexión. El uso -y a veces hasta abuso- de la jerga urbana cotidiana logra darle mayor intensidad a varios de los poemas que componen este trabajo.

Pero el poeta no solo siente interés por la problemática nacional, a él también le preocupa el contexto internacional, y eso lo manifiesta en su poema Cuestión de Prioridades: “No le importó lo del 11M / ni se inmutó con lo de Cuyabeno / tampoco salió a las calles / a torturar cacerolas / eso sí / lloró cual magdalena / al descubrir una mancha roja / de labial en mi camisa”.

También este fragmento donde se critica a la potencia norteamericana: “Ahora sólo falta que a los otros / les dé vergüenza propia de lo de Irak / Afganistán el Plan Colombia / lo de Cuba lo de Kyoto / el modelo neoliberal / la impunidad para sus tropas / la extorsión las amenazas / y uno que otro detalle / que también los convierte en asesinos” (Vergüenza ajena).

El autor interpone -lo que da mayor ritmo a sus poemas- al personaje femenino, enlace con las exterioridades caóticas que giran a su alrededor, así puede desarrollar argumentos que no pierden una tonalidad precisa. Por ejemplo: “Cuando ella me dijo / que me iba a dar lo que tanto he querido / me vino a la mente la paz mundial / un gobierno social sin corrupción / ver extraditados a esos ladrones / buenos libros al alcance de mi bolsillo...” ( Zona intangible).

Nadie es poeta en su tierra es un libro de poesía dura, crítica ácida, ironía al extremo, y una muestra más de talento de la joven poesía ecuatoriana. La obra de Méndez Meneses no pasará desapercibida, hay trabajo y una línea argumental que no se pierde en el lirismo vano; lo suyo es ser conciso y preciso.





Principio de caos jamás acaecido
2004
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"Principio de caos jamás acaecido", poemas de Rafael Méndez Meneses
Carlos Eduardo Jaramillo
Rafael Méndez Meneses con su libro "Principio de caos jamás acaecido", escrito en el 2002, es un descubrimiento, una revelación, un notable aporte a la joven poesía ecuatoriana que cada vez suma caudales de voces nuevas que creo yo muy pronto la llevarán a ser una corriente rumorosa y digna en el ancho río de la cultura universal.

Dominio formal, ritmo impecable de amplio espectro, metáfora original muy en la signología de nuestro tiempo, erudición, conocimiento, concurrencia y confluencia de los antiguos mitos griegos y de la Biblia, la astronomía y la informática, alquimia contemporánea.

Los nuevos ingredientes de la literatura al servicio de una emoción antigua y permanente, la incomparable belleza de la mujer, la complejidad inagotable de la relación de pareja, el padecimiento y la dicha del amor, el viejo vino en odres nuevas, como ha sido, como debe ser toda poesía que se respete, para que permanezca, para que resguarde su virtud y su fuerza, para que no sea un perfume que se desvanezca demasiado pronto, una luz de bengala que se queme en el cielo.


‘Principio de caos jamás acaecido’, de Rafael Méndez Meneses
Eduardo Varas
En un medio poético en el cual los principales referentes son los malditos, Bukowski, o algún otro poeta que se vea llamado al servicio de los licores para encontrar el néctar del ritmo y las imágenes (imagen ridícula, lo siento), Rafael Méndez Meneses reconforta.

Con ‘Principio de caos jamás acaecido’ el amor surge. Pero no ese amor cursi que atañe a los poetas que recién empiezan, ni a las colegialas que llenan de corazones sus cuadernos (prejuicio, nuevamente lo siento), sino todo lo contrario.

Este libro es un recorrido por todas las sensaciones de una relación, desde el contacto físico, sexual, la imaginación, el deseo, la estabilidad, ruptura y desenlace.

Y lo que resalta de este texto es la utilización de referencias sobre la cultura contemporánea (Star Wars, U2, Oliver Stone, entre otros), que surgen y dan un respiro a los poemas.

Una posibilidad acompañada de ironía y sarcasmo: “No se aburra preciosa/ usted sabe/ que no todos los días es feria/ y no siempre podemos ser/ perfectos payasitos sincro/ simbióticos maleable predecibles” (Estática).
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