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miércoles, febrero 19, 2014

¿Hasta cuándo tanto odio?

Publicado en Revista La Otra

Si la mujer le pone los cachos, la mata a golpes. Si el marido le pone los cachos a ella, lo manda a matar. Si el tendero no le pudo pagar la deuda, le pega un tiro. Si el hincha se emociona mucho y lo insulta, lo arrastra con ayuda de los panas. Si la víctima no se deja robar, le clava un cuchillo en el vientre. Si se entera de que atropellaron a un ladrón, dice públicamente que en su lugar, le pasaría el carro encima varias veces. Si el gato de la vecina se pasa al otro patio, le pone una lata de atún envenenado.

A algunos se les hace más fácil matar al que causa problemas que resolver las cosas civilizadamente, consensuar, ceder, esperar o incluso resignarse. El “matar o morir” se ha convertido en “matar porque puedo”. Ya no es una cuestión de supervivencia, sino de poder. Ver al otro como un blanco, como un estorbo al que se puede hacer desaparecer. No como un ente individual que merece vivir, o al menos, como el integrante de una familia que quedará desamparada.

Cruzar la línea del respeto a la vida es fácil. A estas alturas, lo difícil sería culpar a un solo factor de tantos posibles, que no son mutuamente excluyentes: violencia en la televisión y videojuegos, alcohol, drogas, pobreza, ambición, moda, facilidades para contratar sicarios o conseguir armas. Los sicarios no asesinarían a nadie, si no fueran contratados, así que culparlos por todo es caer en el facilismo. Pareciera que la única forma de parar este tipo de violencia es ponerle un policía a cada ciudadano, no para que esté seguro, sino para que no se le ocurra asesinar o mandar a matar a otro por cualquier nimiedad.

No estamos al nivel de las masacres en colegios, guerras civiles, atentados terroristas o genocidios, pero podría pasar si seguimos viendo una sola muerte sin inmutarnos o si nos limitamos a cambiar de tema después de culpar a otro, a la mala aplicación de la justicia, a las novelas de narcos o los videojuegos. El debate sobre la inseguridad y la violencia debe darse en eventos públicos y masivos, pero también en casa con la familia, durante el lunch con los compas del trabajo.

Si permitimos por acción o inercia que sea irrelevante la muerte del enemigo, el rival, el desconocido, el anónimo o el gato de la vecina, ya no importará de qué lado del arma estemos o si somos testigos frente al televisor. Habremos perdido todos.

martes, noviembre 20, 2012

Perros y gatos

Rafael Méndez Meneses
@kevinhurlt
Publicado en Revista La Otra

Algunas personas piensan que, habiendo tantas causas por las que vale la pena hacer un esfuerzo, es absurdo enfocarse en los animales de la calle. Creen que los recursos y el tiempo desperdiciado en comida, desparasitación, esterilización y hasta en dotar de espacios a los animales de la calle, deberían invertirse en ayudar a los niños pobres, discapacitados o personas de la tercera edad. O mejor aún, en ropa, comida y farras.

Si vemos solamente la superficie del asunto, resulta sencillo darles la razón. Hay tantos problemas y criterios en el mundo que difícilmente se va a llegar a un consenso con respecto a cuál debe ser la causa mayor. Incluso hay quienes tienen suficientes problemas y mal harían en cargar la cruz de otros. Basta mirar a otro lado cuando ven a un gato o perro callejero enfermo o buscando alimento en la calle. Para evitar cargos de conciencia y desviar el tema, algunos dicen que los amigos de los gatos y perros son incoherentes si comen carne o si están a favor del aborto. Es el camino fácil del debate: denostar a los que ayudan para no tener que encontrarse a solas con su conciencia.

Y no faltan quienes consideran que los animales de la calle son un peligro y les tiran el carro encima o se toman la molestia de ponerles atún envenenado. Creen que así dan por terminado el problema de ver animales callejeros y les hacen un favor a quienes “desperdician” su dinero en ayudar. Son esos asesinos los más peligrosos. No solo por su irrespeto hacia la vida, sino porque resulta difícil o imposible reclamar. No hay leyes que impidan matar a los gatos. Apenas hay un reglamento de tenencia y manejo responsable de perros, según el cual, los municipios deben encargarse de reubicar o asesinar a los perros callejeros. Este reglamento es letra muerta, sobre todo porque no hay sanciones para el incumplimiento, así que nada impide el asesinato de los animales de la calle.

Es necesario mejorar el reglamento vigente, de tal manera que establezca sanciones para quienes menosprecien la vida ajena, aunque sea de un perro o un gato, y lo más importante: hacer cumplir ese reglamento. La ciudadanía organizada en asociaciones y fundaciones está haciendo su parte para ayudar a los que no tienen voz, pero su respeto a la vida y su esfuerzo por ayudar a los que no pueden defenderse debe respaldarse en un marco legal que sancione a quienes asesinan a los animales solamente porque les estorban.

Mahatma Gandhi afirmó que “La grandeza de una nación se juzga por la manera en que son tratados sus animales”. Por ahora y a pesar de las notables excepciones, seguimos fallando.



lunes, octubre 01, 2012

El cambio inconcebible

Publicado en revista La Otra

Hasta hace poco, a ningún padre de familia se le ocurría sacar a sus hijos de escuelas y colegios privados para ponerlos en instituciones públicas. La calidad de la educación pública, las paralizaciones de clases, el costo de la matrícula y los pagos adicionales no justificaban ese cambio. En las instituciones públicas, tocaba pagar extra para mejorar la fachada, comprar bancas para que los hijos no estudien en el piso, y hacer colecta para pagar el sueldo de los profesores que hacían falta. El último colegio que se construyó en Guayaquil tenía 30 años. Era inconcebible una educación gratuita de calidad en este país. Utópico pensar que los estudiantes de escuelas públicas tendrían internet, tablets o libros gratis.

Lo más que esperaban los padres de familia y estudiantes era que los educadores no hicieran paro antes de empezar las clases, que les pagaran a tiempo, aunque el sueldo no les alcanzaba y los obligaba a cachuelear en instituciones privadas o trabajos que nada tenían que ver con su profesión. Las clases eran pura repetición y memorización, y era imposible evaluar técnicamente a los maestros y capacitarlos para mejorar la calidad de la educación que brindaban. Ni hablar de becas y créditos para garantizar sus capacidades, o de una Universidad para el magisterio. Como no tenían un salario unificado, recibían menos dinero al jubilarse. El grupo político que dominó el magisterio no logró mejorar la educación, y aunque ha perdido la legitimidad y capacidad de movilización de antaño, tiene la intención de volver.

La universidad no estaba al alcance de todos, solo de los que tenían dinero para pagarla, y ni de broma les ofrecían un sueldo por ser buenos estudiantes. La educación dependía de la chequera de los papás, no del potencial. A nadie se le ocurría estudiar en las mejores universidades del mundo con gastos pagados, o recibir un homenaje presidencial por sus logros.

La educación era una causa perdida. Solo los idealistas habrían apostado por un cambio.

martes, marzo 06, 2012

Más garrote a los Diabluma

El "ven para mearte" se reeditó hace poco, cuando Jaime Nebot agredió a un juez durante una audiencia en la que ex empleados de ECAPAG reclamaban por un pago. Si el líder defensor del exitoso modelo de desarrollo va a las cortes y le cae a periodicazos a un juez, ¿qué podría esperarse de sus acólitos y aupadores?

Recientemente Nebot dijo que los Diabluma son un "grupillo insignificante", y advirtió a Esteban Delgado, director regional del Instituto de Patrimonio Cultural, que tendría que atenerse a las consecuencias. En la audiencia para impedir que se le haga el monumento a LFC en Las Peñas, los defensores del exitoso modelo de desarrollo sacaron a patadas a quienes pensaban diferente, lanzaron monedas a quienes fueron a defender sus derechos, y cercaron a un juez en medio de advertencias. Allí están algunos ejemplos de las "consecuencias".

Según diario El Universo, el asambleísta Andrés Roche dirigió desde temprano al grupo defensor de la construcción del monumento. Diario El Comercio informó que, cuando tenían acorralado al juez Manuel Prieto, Roche dijo “sientan al pueblo enardecido..."

¿Cuál era el objetivo de esa demostración de agresividad? ¿Intimidar a los jueces? ¿Decirles que un periodicazo no era nada comparado con lo que podía venir? Con razón al dar las noticias, Lenín Artieda dijo que “lanzaron monedas” sin dar el nombre de Roche, el primero que lo hizo. Hagan caso a los que dicen “Tengan miedo al pueblo enardecido”. Tengan mucho miedo.

En twitter, Lula Garay, ex candidata a asambleísta por la UDC, dijo que los agredidos son culpables por provocar y ofender a la ciudad. Según ella, “lloran como niños lo q no pueden defender como hombres”.

Cinthya Viteri no culpó de la agresión a los agredidos, Roche ni a Nebot, sino a la Ministra María Fernanda Espinoza. Para la asambleísta, los Diabluma pretenden que Guayaquil olvide cómo vivíamos antes de 1990. Invocar al cuco del PRE es una vieja estrategia de quienes defienden su exitoso modelo de desarrollo.

Como ya se ha dicho, el monumento va porque va, ahora en medio de garrotazos, manoplazos, patadas e insultos a quienes piensan diferente y tratan de hacer valer sus derechos de manera civilizada en las cortes. Para algunos, las agresiones son parte del homenaje. Demuestran que la semilla de la violencia garrotera germinó, crece y se abona gracias a funcionarios y asambleístas que incitan descaradamente a agredir.

Los jóvenes de Diabluma, su abogado Armando Bendrán y Esteban Delgado, director del INPC, anunciaron que iniciarán acciones legales contra los agresores. Ya veremos si la respuesta se enmarca en lo legal o en la violencia de quienes dicen representar a los guayaquileños porque dizque los salvaron de una época oscura y primitiva.

jueves, enero 19, 2012

#DoñaNancita

Publicado en Revista La Otra #5

En twitter se burlaron mucho del artículo de Nancy Bravo “¡Tenga cuidado mashi Rafael!” publicado el 1 de enero en El Telégrafo. Se trata de una reflexión sobre la posibilidad de que se intente envenenar al presidente, lo que dio a algunos la oportunidad de hablar de extraterrestres, robots, y hasta de espíritus chocarreros. Dijeron, por ejemplo, “#DoñaNancita eso q esta en el carro es popo de paloma, no lluvia radioactiva” o “habría que hacer un estudio extenso sobre el consumo de LSD en prestigiosos editorialistas”.

Ciertamente, #DoñaNancita aportó con muy pocos argumentos para sustentar su teoría de conspiración. Sugirió que los gringos consideran al Ecuador un país enemigo y que podrían utilizar el satélite NROL-32 para espiarnos. Habló de infiltrados, mercenarios y vendidos que podrían prestarse para apoyar los intereses gringos. Recomienda a MashiRafael que se cuide, que tenga cuidado con lo que come, y le recuerda que varios mandatarios sudamericanos han sido afectados por el cáncer.  Mencionó también a Yasser Arafat, que murió en circunstancias misteriosas.

Pero no dijo, por ejemplo, que la CIA intentó asesinar a Fidel en los 60s. No se refirió a los asesinatos de Orlando Letelier, Carlos Prats o Eduardo Frei. Tampoco mencionó al ex presidente de Ucrania Víctor Yushchenko, envenenado en 2004 con dioxina, una sustancia cancerígena que se produce en Gran Bretaña, Rusia y Estados Unidos. Omitió los cables filtrados por WikiLeaks, en los que se evidencia que la embajada norteamericana tenía informantes en la policía y financiaba a algunitos. Olvidó que la ex embajadora Linda Jewell se reunió con los hermanos Gutiérrezpara analizar la posibilidad de frenar a Rafael Correa por medio de un pacto con Álvaro Noboa. Por cierto, según WikiLeaks, la reunión fue en casa de Ivonne Baki.

En lo personal, y a pesar de ser un conspiranoico consuetudinario, no creo que haya un plan de los gringos para envenenar al presidente ecuatoriano. A lo más que han de aspirar es a volver a hacer contactos para que los opositores paren a Rafael. Con suerte, lograrán que los opositores se pongan de acuerdo y lancen un candidato único, que pueda hablar de fraude cuando vuelvan a perder las elecciones.

La sugerencia de “¡Tenga cuidado mashi Rafael!” no generó ningún debate serio en redes sociales. Es más,  algunos comentaron que no estaban de acuerdo en que un diario público permita este tipo de opiniones sin sustento. Es claro que Nancy Bravo está a favor del Mashi. Quizá si fuera opositora, algunos habrían defendido hasta la muerte su derecho a opinar cualquier cosa y a que esa cualquier cosa sea difundida por un medio masivo de comunicación.

Me pregunto qué dijeron los que se burlaron de #DoñaNancita cuando Emilio Palacio afirmóque Rafael aprobó la universidad y consiguió trabajo mediante el acoso y ataques a los más débiles. Cuando Rómulo López Sabando publicó que el Gobierno había inventado una nueva moneda y ya había once contenedores con “cóndores” en la aduana. Cuando el ex ministro Luís Sarrazín dijo que la homosexualidad “definitivamente es contra natura”. ¿Les gustarán los artículos de José Guerra Castillo, que cepilla al alcalde Jaime Nebot a menudo?

Así es la vida, #DoñaNancita. El bullying de redes sociales le tocó esta vez a usted. Los defensores del Mashi jamás deben meter la pata.

jueves, diciembre 29, 2011

Los árabes y nosotros

Por cierto. Interesante el tuit de la periodista janeth Hinostroza sobre la periodista "árabe" Jayaty Ghosh:

Editorial El Tiempo Colombia publica hoy un buen ej de equilibrio en opinion,diferente a sra arabe THe Guardian quien solo tomo version gob"

Por Rafael Méndez Meneses
Revista La Otra, edición #3


¿Qué sabemos nosotros de los árabes? Que Qatar organizará el mundial en 2022, que los dueños de los equipos de fútbol regalan Rolex a los goleadores. Que Carlos Tenorio ha jugado en Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes y por allí jugaron también Walter Ayoví y el Diablito Lara. ¿Qué saben los árabes de nosotros? ¿Pensarán que todos somos negros talentosos de metro ochenta?



Sabemos que legalmente pueden apedrear a una mujer por ponerle los cachos al marido. Que las féminas usan ropa recatada, excepto cuando bailan como Shakira. A lo mejor ellos nos conciben como hombres que dan palo a la mujer por cualquier excusa, y mujeres que se visten como si quisieran ser legalmente apedreadas.


Crecimos escuchando las aventuras de Aladino y Alí Babá. Tal vez los árabes nunca lean nuestra poesía. Nos deleitamos con su shawarma y su falafel. Ellos no probarán nuestra fritada ni el mote con chicharrón. Para muchos de nosotros, son un país cuyo idioma es el Islam. Para ellos, tal vez somos una cultura demasiado lejana, que no enseñan a los niños en sus escuelas.


Ellos son jeques petroleros que regalan Lamborghinis y se alojan en hoteles de seis estrellas. Nosotros un país que tiene un poquito de petróleo, además de bananas y otros productos que ahora vamos a ofrecerles en oficinas comerciales recién abiertas.

El cine mainstream y las noticias que nos llegan, los pintan como fanáticos religiosos que en un momento se arrodillan a orar pronunciando frases ininteligibles, y en otro hacen estallar una bomba para asegurarse un lugar en el paraíso con 72 vírgenes a su disposición. Para los árabes quizás somos infieles productores de drogas, que adoran a un profeta más que al mismo Dios, a quien solo recuerdan para pedir favores. Somos la tierra colonizada por España, país que los árabes colonizaron durante siglos. Occidentales truchos, ni gringos ni europeos. Tal vez negros tucos y grandotes o gorditos patuchos y bigotones.

Para nosotros, los árabes son forajidos 2.0 que tumbaron a sus dictadores por las malas. Una ciudadanía que hizo su revolución para cambiar el estado de las cosas y avanzar. Para ellos, ¿seremos un país cuyos ciudadanos tumbaron presidentes desde las calles, con un apoyo más bien oportunista de la prensa veleta?

¿Sabrán los árabes que por acá un grupito de políticos y comunicadores quiere usar la Primavera Árabe como ejemplo para tumbar al presidente de Ecuador? Un presidente que a diferencia de los de allá, fue elegido y ratificado en las urnas, que cuenta con un respaldo mayoritario y decidido de ciudadanos que también han salido a las calles, pero a impedir las intenciones desestabilizadoras de los grupos minoritarios. Tal vez no lo sepan. Al Jazeera, conocida como la CNN del mundo árabe, poco explica sobre lo que realmente sucede en Ecuador.


Tal vez a los árabes no les importa nada de nosotros. Pero según comentan algunos, ahora somos para ellos un país, que a diferencia de Europa, poco o nada apoyó su causa primaveral.

miércoles, diciembre 07, 2011

Imposible perder

Publicado en revista La Otra
Poseer un medio de comunicación, ser columnista de opinión e incluso tuitear de vez en cuando, pueden dar una sensación de poder difícil de asimilar. Uno cree que puede decir cualquier cosa impunemente. Escribir, por ejemplo, que hay contenedores en la aduana con la nueva moneda del Ecuador, Fulano de Tal es drogadicto y asesino de lesa humanidad, el presidente de la Asamblea es un corrupto que debe ir a la cárcel, o el Mashi ordenó dar un tiro en el pecho a los traidores.

Si alguien reclama, mejor me río. Si insiste, apelo al espíritu de cuerpo para que mi versión prevalezca en la agenda mediática. Si se atreven a tomar medidas legales, saco a relucir el artículo 13 del Pacto de San José, que reconoce el derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. No importa si me dicen que el mismo artículo 13 habla de responsabilidades ulteriores fijadas por la ley, necesarias para asegurar el respeto a los derechos o a la reputación de los demás. Puedo argumentar que las leyes vigentes van contra la tendencia internacional que despenaliza los delitos de opinión, y pretender que me juzguen con leyes que no existen en este país. Con esa bandera podré desviar el tema y negarme a acatar las leyes vigentes.

No importa que el artículo 11 del Pacto de San José proclame el derecho a la honra y el reconocimiento de la dignidad, y que toda persona tenga derecho a la protección de la ley contra injerencias o ataques. Bastará asumir el rol de víctima y clamar por la libertad de expresión. Mentir si es necesario, y si me descubren, evadir el tema y sacar una nueva mentira.

La mano debe ser más rápida que el ojo. En redes sociales encontraré opositores dispuestos a hacerse eco de cualquier cosa, a aprovechar mi caso para mantenerse vigentes, aunque sea con críticas y tergiversaciones. Alguno dirá que si me meten preso, le cerrarán el twitter a todos, y la espiral de mentiras llegará a otros medios.

Una vez que mi discurso esté posicionado, el cielo es el límite. Si quiero sacar del país a una menor de edad sin autorización de ambos padres y no me dejan, en vez de decir que la ley vigente no lo permite, diré que se trata de una persecución política. Si acuso a alguien de ser ladrón o asesino, jamás reconoceré que se me demanda por un delito tipificado en nuestras leyes vigentes. Diré que el Mashi nos quiere poner una mordaza para que nadie pueda opinar, que me persiguen por defender las libertades y que hay que apoyarme aunque esté equivocado.

Si evado impuestos, destruyo propiedad pública, agredo a policías, o convoco a la gente para que salga armada a defender mis intereses, más le vale al Gobierno dejarme en paz. Las leyes no pararán mis excesos e ilegalidades, y si no me favorecen, encontraré a algún propietario de medio o periodista “independiente” que coincida conmigo y esté dispuesto a linchar mediáticamente a jueces o abogados.

Si nada de eso funciona y la justicia me obliga a responsabilizarme por mis actos, aún podré buscar instancias internacionales, tratar de tumbar al Gobierno, decir que los jueces son corruptos, hacerme el gringo, huir sin considerar a los acomedidos que se metan en líos por apoyarme, aprovechar la popularidad para alguna candidatura… El cielo es el límite incluso para evadir la responsabilidad. Nada de rectificar o asumir la responsabilidad de mis actos, porque si lo hago, los lectores empezarán a sospechar que los periodistas, dueños de medios y articulistas de opinión, no somos intocables.

miércoles, noviembre 23, 2011

Informales

Por Rafael Méndez Meneses
Revista La Otra #1

Al leer sobre el anuncio de equipar a los comerciantes informales de Quito con uniformes, credenciales y permisos, lo primero que pensé es que a los de Guayaquil deberían equiparlos con casco.
También deberían darles zapatos de correr, para cuando deambulen en “zona regenerada” ofreciendo al apuro su vaso ‘e cola a diez centavitos; o en caso de que les toque agarrar las cuatro esquinas de su pedazo de plástico lleno de baratijas, huir como almas que lleva el diablo y evadir los macanazos defensores del status quo.


Al menos no están tan mal como los invidentes, que hace pocos meses solo pudieron escuchar y oler la prepotencia de los metropolitanos que los rodearon para evitar que vendan sus productos, cosa que para los represores constituye un atentado contra el exitoso modelo de desarrollo local. Sitiadores y sitiados permanecieron allí durante horas, mientras los transeúntes observaban, pasaban de largo, protestaban, criticaban a los invidentes por jachudos, o admiraban la belleza de las palmeritas y adoquines para evadirse de esa realidad que a otros les toca vivir.
Y es que en el puerto principal nunca falta el tibio que manifiesta un temor reverencial al caos y al pasado vergonzante de las administraciones municipales precedentes. A veces dicho caos es una pared pintada por un grupito de hipsters, cuya libertad de expresión vale menos que la de los poderosos acostumbrados a imponer o evadir causas según su conveniencia, y a quienes debemos respaldar si así lo decide el redentor local. No es de sorprender que las víctimas del desempleo que tratan de sobrevivir el día de hoy, en navidad aparecerán como revoltosos cochinos que atentan contra el concepto de orden impuesto a toletazos en una ciudad portuaria que siempre ha sido plaza de informales, particularmente en navidad y fin de año.

Ese concepto de orden, que impone el glamour de los adoquines sobre la dinámica de la gente y coarta con pintura gris las iniciativas particulares, tiene defensores convencidos que siguen la corriente y nos recuerdan el basurero de antaño y el caos que las nuevas generaciones de electores nunca palparon. Defensores obnubilados por el “progreso” que llegó cuando adoquinaron el Malecón, el Centenario y los barrios que les siguieron hasta llegar a una pileta que dizque nos ha puesto a la altura de las grandes ciudades del mundo, aunque a veces y sin previo aviso, los cortes de agua nos hagan aterrizar en el vacío de los discursos que, luego de casi 20 años, no han soslayado las inequidades y contradicciones aún pendientes.
Es evidente que el comercio informal debe regularse, pero con diálogo y respeto. Solo así podremos hablar de verdadero progreso. En los últimos años se han organizado muchos comerciantes que piden diálogo, proponen cambios y esperan que todo mejore. No es que les guste el caos, se opongan al alcalde o respalden ciertos intereses políticos. Su prioridad es llevar la comida diaria al hogar. Hasta lograrlo, a algunos de ellos no les queda otra opción que jugarse el pellejo, esperando regresar a casa ilesos y con el pan para su familia. Para nosotros es más simple. Basta mirar hacia otro lado.