viernes, septiembre 05, 2003

León Roldós Aguilera | roldos@eluniverso.com

Los disipadores

El Diccionario de la Real Academia señala que es disipador el "que
destruye y malgasta la hacienda o caudal".

Cuando el Banco del Progreso inauguró el edificio de la avenida
Orellana (Kennedy Norte), se dijo que era de los edificios más
lujosos del mundo, hasta en el manejo de los efectos solares.
Entonces expresé que ni un banco tenía derecho a sobreinvertir en
edificios de lujo. Semanas después, el Banco quebró (marzo de 1999)
arrastrando –y aplastando financieramente– a miles de depositantes.
Hoy es un activo desocupado, bajo la AGD; en otras palabras, un
tremendo costo que asume el Ecuador. Si lo sumamos a los otros
edificios que están cerrados, son cientos de millones de dólares que
la vanidad de algunos, con el encubrimiento de otros, ha sustraído
de los recursos que debieron ser para el desarrollo nacional.

El sector público, en vario gobiernos, también es disipador. Atrás
de las prácticas clientelares hay formas de disipación, también la
sobrepublicidad del sector público, porque en el fondo lo que existe
es la decisión de publicitar personajes antes que informar de obras
o servicios. Hay administraciones municipales que construyen
inmensos portones decorativos, como es el caso del acceso a la
provincia de Manabí, en lo que se llama La Cadena del cantón Paján,
y en Naranjal tres portones. ¿Cuánto tienen sus pueblos de
necesidades vitales no atendidas? Millones de dólares en obras de
relumbrón. Los escoltas de funcionarios públicos, vehículos y
personal, son impresionantes, creo en la necesidad de seguridad,
pero son muchos los casos en que hay exageración. A nadie le pido
que haga lo que yo siempre he hecho –Vicepresidencia incluida–: usar
vehículos oficiales solo cuando es necesario; y, usualmente,
conducir mi vehículo.

Está bien expropiar y demoler, cuando se requieran ensanches
indispensables de vías, y construcciones deterioradas y pequeñas
para sustituirlas por otras de mayor significación; pero, muchas
veces se derrocan edificios que pueden ser utilizados. Nunca
olvidaré que el Banco Central derrocó edificios de varios pisos en
la macromanzana de 9 de Octubre, porque "posiblemente" había que
expandir la institución. Hoy sobra espacio en el edificio que se
construyó.

Creo en la obra funcional. Privilegio las restauraciones porque
recogen historias de nuestras ciudades, y bien conservadas valen más
que la imaginación de quien quiera modificar las cosas.

Cuánto le habrá costado al país el culebrón de Gustavo Noboa, hasta
su cerco y exilio.

No nos olvidemos que todo exceso o gasto innecesario lo pagamos
todos, directamente cuando es gasto público, indirectamente o en
tiempo diferido si es gasto privado, en el costo de bienes y
servicios o cuando quiebran.

El Código Civil establece que los disipadores no deben tener libre
administración de sus bienes y establece su sometimiento a un
curador que le administre sus bienes.

Lo trágico del Ecuador es que hay mano dura cuando los disipadores
lo son de bienes propios, pero cuando se trata de negocios o
acciones que afectan colectivamente, en que no dilapidan sus
dineros, sino los del pueblo ecuatoriano, son empresarios poderosos –
si hay otros que son fuerza productiva– o autoridades con mando
político y decisión económica.
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