lunes, junio 21, 2004

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Generación X
¿Hacia dónde va el turismo?
La mujer

Generación X

Recuerdo hace muchos siglos, cuando era adolescente. Los líos cotidianos de los adultos me eran ajenos e intrascendentes; leía bastante, y tal vez por eso no estaba limitado geográficamente a este pequeño pueblo del tercer mundo, pero en cambio estaba desligado de él. Sin argumentos para sentirme naranjaleño, dedicaba mi tiempo libre a evadirme de la realidad con la lectura, el fútbol callejero, y de vez en cuando unas cervezas para aparentar algo de madurez. Afuera, en el mundo, el modelo económico gringo agravaba el problema ambiental; la publicidad, las novelas y la música llevaron la moral a niveles vergonzosos de decadencia; la corrupción se apoderaba de las instituciones... ¿Qué hice al respecto? Absolutamente nada; de hecho, apenas sí tenía noción de lo que pasaba, pero no me importaba. Suponía que alguien se encargaría de buscar la solución, o que era solo una etapa y que las cosas mejorarían.
Ahora que soy un anciano decrépito... ¡de 27 años!, me doy cuenta de que nada mejoró; nadie vino a resolver ningún problema. Descubro que las cosas sí podían empeorar, y empeoraron. Supongo que pude tratar de cambiar el mundo, pero ya pasó mi tiempo de ser idealista. Ahora debo dedicarme a formar un hogar y buscar un trabajo esclavizante para el resto de mi vida; serle infiel a mi mujer de vez en cuando y comprar porquerías que no me sirvan para nada. Observo a los jóvenes y adolescentes, y me veo reflejado en ellos: muchachos cuya vida consiste en ir a farras, llevar a la cama a todas las chicas que se pueda, estudiar si queda tiempo, y luego irse a España a trabaja. como esclavos

El daño ambiental, la decadencia moral, la corrupción; todo lo malo de la sociedad tiende a empeorar. Hay movimientos mundiales que tratan de cambiar las cosas, pero aquí a Naranjal no nos llegan esos ideales. El rechazo a la globalización, al colonialismo gringo, a la corrupción o a los asesinatos selectivos en Palestina; Green Peace, el Ché, la Agenda 21... no significan nada para el común de los jóvenes naranjaleños. Hace poco, un estudiante universitario decía que en “La Noticia” publicaban noticias internacionales por que no había nada más que poner, que eran puro relleno. ¿las habrá leído o escuchado antes, al menos?

Con ese enfoque, ¿qué podemos esperar del futuro? ¿cuál es la visión que tienen los jóvenes del mundo? Ni siquiera la migración nos ha permitido comprender que formamos parte de un mundo globalizado, y lo que sucede a miles de kilómetros nos afecta: la competitividad, la política exterior, el ALCA, el TLC... Es hora ya de que la juventud empiece a asumir un rol participativo en la sociedad. Siempre nos dicen que los jóvenes somos el futuro, pero eso es una mentira de y para gente mediocre y retrógrada. No somos el futuro, somos el presente. El futuro está a la vuelta de la esquina, y si no hacemos algo para cambiar las cosas por nuestra cuenta, después de unos años, lo único que nos quedará por hacer será escribir artículos para tratar de justificar nuestra falta de huevos cuando teníamos la capacidad de hacer algo.

¿Y no debería yo predicar con el ejemplo? ¿proponer en vez de criticar? Claro que sí. Debería plantear las soluciones, demostrar que sí podemos cambiar el mundo, o al menos conjeturar acerca de algún nuevo paradigma... pero el hecho es que me da pereza pensar. Prefiero irme al SumiCyber a escuchar música, jugar OnLine y chatear con alguna gringa loca. Soy un digno representante de la Generación X, (y no digo generación 10 por excelentes, sino generación equis, como nos pusieron los sociólogos por intrascendentes)


¿Hacia dónde va el turismo?
No hay duda de que el Turismo se presenta como uno de los mayores potenciales de desarrollo económico en nuestro país, y en ese sentido, se está promoviendo iniciativas tales como el concurso “Miss Universo”; y se están trayendo expertos para que nos asesoren en este rubro tan importante.
Naranjal es considerado un diamante en bruto: el potencial de sus atractivos naturales y culturales, su posición estratégica y la experiencia que puedan aportar otras instituciones y empresas nacionales y extranjeras lo convierten en una interesante posibilidad de inversión; sin embargo, es precisamente la inversión lo que nos falta.

Las buenas intenciones de la Subsecretaría de Turismo con el lanzamiento del proyecto “Ruta del Cacao” se vieron disminuidas cuando el Gobierno Municipal no firmó el convenio que finalmente se realizó con la Universidad Espíritu Santo; y luego, las inversiones municipales para “fomentar el turismo”, e incluso la colaboración con quienes sí trataron de aportar a este sector, rayaron en la mediocridad; y es que de haber consultado con expertos en turismo, habrían tenido que aceptar que el potencial de nuestro cantón está en los recursos específicos ya identificados, y era en éstos que se debía invertir.

El año pasado, varios actores locales fuimos invitados a un encuentro de Turismo Rural con un experto de la OMT, y se determinó que había que trabajar a nivel de país; es decir, en vez de “Ruta del Cacao”, en este año el trabajo se va a enfocar más en potenciar al Ecuador como destino de “Turismo Rural”. Esa visión favorece a las haciendas que ya han invertido y están recibiendo turistas, pero en el caso de Naranjal, las únicas que -por ahora- formarían parte del proceso son “Jambelí” y “Cañas”, cuyos esfuerzos e interés por trabajar este nicho e invertir han sido siempre indiscutibles.

¿Pero qué pasará con Naranjal? Nuestra gran ventaja son los valores agregados no encasillados, necesariamente, en lo que es Turismo Rural: bosques, termas, manglares... atractivos que necesitan de inversión en cuanto a capacitación e infraestructura.

Los organismos seccionales deben dotar a los atractivos de servicios básicos; los inversionistas privados y comunidades deben invertir en actividad empresarial para que el Ministerio de Turismo y la Prefectura aporten con la capacitación y promoción; sin embargo, pareciera que todos están esperando a que alguien más haga el trabajo difícil, y que la mesa esté puesta para trabajar en calidad de operadores turísticos. Todos quieren traer a los turistas, pero no quieren invertir en mejorar sus haciendas o restaurantes, mejorar sus vías de acceso o capacitarse en servicios, gastronomía, etc.

Es necesario empezar a pensar en función de comunidad. El turismo es uno de los pocos rubros en los que conviene especializarse en un solo servicio, para dejar los demás a otros miembros de la comunidad. Creer que quien tiene una hacienda u hotel será el único en beneficiarse de los ingresos por transporte, hotelería, venta de souvenirs, guianza por los bosques protectores, etc.; o pensar en traer turistas cuando aún no están dadas las condiciones, es tan absurdo como esperar a que alguien más ponga la infraestructura y entonces sí, empezar a traer a los turistas con un mínimo de inversión; especialmente si no se tienen los conocimientos, el nivel de estudios, ni los contactos suficientes.

En ese sentido, aún no es tarde para delinear una estrategia cantonal, en la que se aproveche el aporte que puedan hacer la Prefectura, Subsecretaría de Turismo, Universidades, ONG´s, etc. para que las comunidades e inversionistas privados puedan desarrollar proyectos turísticos en los que se defina y respete a todos los actores involucrados, y sobre todo, se proteja nuestro medio ambiente. La Ruta del Cacao está en nuestras manos.


La mujer

El pasado lunes celebramos el día mundial de la mujer. Parecería extemporáneo dedicarle un artículo a un tema que se dio hace tanto tiempo, sin embargo, considero que nunca está demás rendirle homenaje al ser más bello de la creación: la mujer, cuya abnegación ha servido para conservar lo que de humano aún posee nuestra sociedad; la madre cuyo amor y guianza nos ha servido para encaminarnos por los derroteros de la moral y la ética; la abuela cuya dulzura hizo de nuestra niñez una etapa maravillosa; la hermana cuya incondicionalidad nos ha salvado en los momentos más difíciles; la amiga que ha estado allí en nuestros momentos de debilidad, o para acompañarnos a tomar un café; la esposa cuyo amor nos anima a seguir adelante; la “mujer fatal” cuya belleza nos hace cometer tonterías de vez en cuando; la hija cuya ternura y dependencia nos obliga a sobrevivir para hacer del mundo un lugar mejor.
Más allá del mero discurso de “celebrar” un día que se queda en palabras durante el resto del año, quisiera recalcar la importancia de fortalecer los espacios de acción para este género tan vulnerable. No existe, por ejemplo, en este cantón, una Comisaría de la Mujer. Las responsabilidades que se les conceden, se les dan más por obligación que como reconocimiento a su capacidad, a pesar de que han demostrado su eficiencia cuando les ha correspondido liderar procesos importantes. Los índices de violencia familiar, tanto física como psicológica, son alarmantes. Las adolescentes son uno de los segmentos más vulnerables de la población.

¿Qué sería de los hombres sin el respaldo femenino? Es hora de aceptar y reconocer que sin su abnegación, amor, intuición y belleza; nuestra sociedad habría desaparecido hace mucho tiempo. No tendríamos excusas para emprender lo imposible. Faltarían argumentos para afirmar que la vida vale la pena. Exhorto a nuestra ciudadanía a derribar los prejuicios caducos y a rendirle homenaje sincero a la Mujer durante todo el año, por el resto de nuestras vidas.

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