domingo, junio 08, 2014

La imposibilidad física de la muerte en la mente de algo vivo

Un tanque de vidrio y acero de 22 toneladas de peso con 224 galones de formaldehido que contenía además un tiburón tigre de 14 pies de largo es la principal obra del artista británico Damien Hirst. Forma parte de su serie “Historia natural” y desde su presentación en 1991, ha sido objeto de críticas y polémica. El tiburón fue vendido a un especulador de Wall street en 2004 en 12 millones de dólares. Hirst reemplazó en 2006 cuando el original empezó a descomponerse debido a un mal proceso de formolización y ha formado parte de unas pocas exposiciones.

El título de la obra hace referencia a la idea que tenía Hirst sobre la muerte. La intención de la obra es sacar al espectador de su elemento al poner en la galería un tiburón lo suficientemente real como para asustar. La polémica se da por el hecho de que Hirst encargó la captura del tiburón en Australia, pero sobre todo por el alto precio que se pagó por él. Al igual que el resto de la obra de Hirst, el debate es sobre si el alto precio de un animal en formol es lo que lo convierte en arte. Vale recordar los circos de pueblo de antaño, en que se exponían fetos, animales en estado embrionario, fenómenos y más curiosidades que exacerbaban el morbo del espectador.

El autor solo dirigió el proceso de elaboración de la obra. Un equipo multidisciplinario se encargó de la infraestructura, elaborar la solución, cazar al tiburón, transportarlo y ponerlo en el tanque. Al ser una obra conceptual, el hecho de que el tiburón que está hoy en el tanque no sea el original, resulta irrelevante para el autor. Para Hirst importa el concepto y la autoría intelectual. Por otro lado está el tema comercial. El arte queda reducido a un asunto de oferta y demanda, en el que los curadores y críticos anuncian que la obra de Damien Hirst -una marca en sí mismo- tiene un precio determinado y aparece un comprador que le da a la obra un valor de cambio que para muchos resulta ridículo, sobre todo, para el tiburón.

¿Quién decide si eso es o no arte? ¿Era necesario pagar tanto para reflexionar acerca del miedo y la muerte? La adquisición no pasa tanto por eso tanto como por un asunto de mercado. Poseer una de las obras más famosas del artista vivo más ranqueado económicamente es cuestión de estatus y con suerte, una buena inversión.



Ciencia exacta
En el principio
fue cosa de iluminados
ungidos y caídos del Olimpo
Luego vinieron los doctores de la ley
de la oferta y la demanda,
charlatanes, excéntricos
Variables que hicieron tambalear
los cimientos que la sustentaban
Se empantanó
entre vísceras de oro
tiburones en formol
y garabatos codificados en complicadas ecuaciones matemáticas con patrones gráficos que estimulaban el hipocampo del espectador
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