domingo, noviembre 02, 2014

El monumento al niño betunero de Nebot: homenaje #PawneeStyle

Como si fuera poco con los errores cometidos por el alcalde Jaime Nebot por el tema competencias, sus asesores lo llevan a otro error, que por más que traten de minimizarlo, pone en evidencia el espíritu de la vieja época que Ecuador ya está superando. En vez de planificar el crecimiento urbano de la ciudad, se han dedicado a instalar estatuas en las calles para recordar a los invisibilizados del Guayaquil del pasado, el Guayaquil que recién empezamos a superar, ese en el que se pretendía mantener la miseria como parte del folclor.

La estatua de un niño betunero podría pasar como una torpeza si se hubiera quedado allí, pero además, el alcalde Jaime Nebot posó para las fotos con la estatua que representaba al niñito pobre y descalzo. Como no entienden el cambio de época, Nebot y sus asesores no captan que ya estamos superando la maldición del trabajo infantil y que eternizarlo y banalizarlo con una estatua para que los turistas se sienten y posen para la foto, no ayuda a superar ese pasado en el que nada hacía el Estado para impedir semejante atentado contra la niñez.

Si ya es un problema que hagan una estatua al trabajo infantil y que el mismo alcalde aparezca como modelo de explotación a un niño descalzo, peor aún resulta la reacción de muchos de sus acólitos, incapaces de decirle a su alcalde que cometió un error y que debe rectificar. Incapaces al menos de un silencio vergonzoso. Incapaces de notar que defender el error de su líder es perjudicial para los niños y niñas.

La respuesta de Nebot es tan simplona como patética: De entrada, se jactó del busto de #LFC que puso en una laguna artificial (que me recuerda a la laguna de Yambo) y omitió que nunca pudo ubicarla frente al Cerro Santa Ana. Trató sin argumentos de posicionar que el trabajo infantil es parte de la historia e insinuó que ya cambiaron eso. Incapaz de defender lo indefendible y de rectificar su error, olímpicamente se desmarca del debate sobre la explotación infantil, o de la propuesta pelucona de que, en plena época de erradicación del trabajo infantil, los turistas se puedan tomar fotos ante la estatua que representa a un niño trabajador pobre y descalzo. Para desviar y politizar el tema, le responde únicamente al Presidente, como si el resto de la sociedad no hubiera cuestionado semejante torpeza.

Aquellos que justifican la estatua con el cuento de que el guayaquileño trabaja desde niño para sacar a la ciudad adelante, ¿Les parece bien que niños descalzos recorran la ciudad exponiéndose al abuso sexual, la drogadicción, el hambre y la sed? Si realmente están de acuerdo con el trabajo infantil, ¿ya sacaron a sus hijos a que trabajen en la calle?

Aquellos que pretenden desviar la atención y dicen que aún hay trabajo infantil, ¿Creen que por que aún hay está bien hacerle monumentos? ¿Cuántas veces han denunciado ante las autoridades competentes los casos de explotación infantil que han detectado?

Y lo más importante, si tanto quiere perennizar el trabajo de los que se esfuerzan para sacar a su familia y a Guayaquil adelante, ¿Qué espera Nebot para inaugurar el monumento al trabajador informal sometido por un grupo de robaburros? Así seguiremos con el viejo país que algunos aún no entienden que debemos superar.

En el programa de televisión Parks and Recreations, la ciudad ficticia de Pawnee tiene varios murales en los que recuerdan la historia del pueblo. Es triste notar la semejanza de criterio con el que Pawnee y Guayaquil han tratado de eternizar su pasado. La diferencia es que Pawnee fue concebido como un chiste.


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