lunes, enero 04, 2016

A woman under the influence (John Cassavettes, 1974)

Nick ama a su esposa aunque esté un poco loca. Algunos podrían decir “Es la historia de mi vida”, pero Woman under influence va más allá. Mabel realmente tiene problemas para adaptarse a la realidad. Se desconecta a ratos. Se le dificulta interactuar con el mundo, aunque siempre cuenta con Nick.
Nick tiene un empleo en el que debe trabajar con aguas que se rebasan, con inundaciones. Es un trabajo que requiere todo su tiempo, que no admite vacaciones porque todo podría colapsar en su ausencia. Nick hace lo que debe hacer, no lo que quiere. No puede desentenderse de sus responsabilidades y así mismo es su relación. Debe lidiar con las emociones de Mabel y las suyas propias, que se mantienen en un precario equilibrio, a punto de desbordarse.

Mabel es un tiro al aire. Ama a su familia, pero no encaja en el mundo. Depende de Nick y trata de poner de su parte, pero el mundo la rebasa.
Cassavettes utiliza secuencias largas para añadir tensión de forma casi imperceptible. Un gesto, una palabra, una reacción… los elementos se suman hasta que ya no se pueden sostener y todo cae. Pero luego, todo vuelve a estar como antes.

Hay un reparto amplio para lograr una atmósfera de caos permanente. Los compañeros de trabajo que tratan de mirar a otro lado hasta que la situación se pone demasiado densa y les toca retirarse, los invitados a la fiesta infantil en la que Nick parece más irracional que Mabel, el lugar de trabajo donde Nick vuelve a perder los estribos, la fiesta de bienvenida a la que invitan a demasiada gente, e incluso los tres revoltosos hijos a quienes su padre no sabe cómo controlar, impiden a Nick y Mabel tener un remanente de paz, que solo llega a ratos en su habitación, un lugar que parece quedar en las nubes.

La esperanza de que las cosas mejoren se pierde poco a poco. Nick está en las arenas movedizas de sus circunstancias y no podrá salir de ellas. Tampoco quiere. Ama a Mabel como es y no quiere que pierda su esencia.
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