Publicado en revista Mundo Diners 13.10.2025
31 jóvenes se benefician del programa de Formación Dual “Asistente de Cocina”, impulsado por Diners Club del Ecuador y ejecutado por el Humboldt Zentrum junto a Fundación Crisfe.
El vapor se levanta de la olla y empaña los lentes de Ana Emilia Quijano. Eso no la detiene. Sopla, prueba la salsa con una cuchara de madera y espera instrucciones de Elkin, uno de los quince tutores que ha tenido. A su lado, Reichel Farías revuelve una sopa con delicadeza. El ronroneo del extractor y el roce metálico de los mesones compiten con el murmullo de sus compañeros. Nada parece excepcional. Solo son prácticas de cocina coordinadas por el Humboldt Zentrum en el norte de Guayaquil. Pero en esos gestos se amasa el afán de cocinar un futuro con las manos que, hasta hace poco, no sabían qué hacer.Reichel tiene 20 años y mezcló sus estudios de Derecho con la gastronomía en el programa de Formación Dual “Asistente de Cocina”. Su familia ha trabajado en restaurantes desde que tiene memoria. De niña ayudaba a pelar papas y picar cebollas. “Siempre hubo un punto en el que decía: quiero ser abogada, pero sí o sí tengo que estudiar gastronomía. Por eso ahora hago ambas cosas”. Quiere abrir su propio restaurante, quizá fuera del país, donde pueda mezclar sabores ecuatorianos con técnicas italianas. La formación le abre un menú de posibilidades que antes parecían impensables.
Ana Emilia llegó a la cocina sin tener definida su sazón profesional. Vive en Vergeles, al norte de Guayaquil. Terminó el colegio sin experiencia laboral y vio un anuncio del programa en LinkedIn. “Pensé que era demasiado bueno para ser cierto. Pero me dije: Ana, inténtalo, no te va a tomar más de diez minutos aplicar”. Esos minutos frente a la computadora, con la ayuda de su madre, se convirtieron en meses de aprendizaje. Hoy se ve a sí misma manejando una cafetería. No una cualquiera: “Un lugar tranquilo, con olor a pan y café. Donde la gente pueda quedarse, conversar. No solo vender, sino acompañar”.
Ese tipo de sueños y liderazgos es lo que la Formación Dual busca propiciar. En Ecuador, el modelo todavía es joven: combina clases teóricas con práctica profesional en empresas reales que se han sumado a la causa. Los aprendices pasan buena parte del tiempo trabajando en cocinas de restaurantes, hoteles o instituciones. Aprenden haciendo. El programa dura nueve meses y en esta edición participan 31 jóvenes. En las aulas del Humboldt Zentrum y en las empresas formadoras, los instructores insisten en la puntualidad, el respeto y el trabajo en equipo.
María Brown, directora ejecutiva de Fundación Crisfe, lo explica sin retórica: “La empresa se convierte en parte del currículo. No es que los chicos solo vayan a hacer una práctica; ellos se forman dentro de la empresa, y el tutor tiene a su cargo parte del contenido del proceso formativo”.
Crisfe, socio estratégico de Diners Club del Ecuador, apostó desde 2024 por fortalecer los vínculos entre educación y empleo. La pandemia dejó una brecha educativa evidente, sobre todo entre jóvenes que abandonaron el colegio o salieron al mercado laboral sin preparación técnica. “Era necesario ofrecer una alternativa que no los obligara a elegir entre trabajar y estudiar -dice Brown-. La formación dual ofrece justamente eso: una ruta donde la práctica y la teoría se alimentan mutuamente”.
La metodología, adaptada del modelo alemán, no se limita a la enseñanza de oficios. Integra tres niveles: fortalecer aprendizajes básicos, desarrollar habilidades socioemocionales y acercar al estudiante al mundo laboral real para que entienda que un oficio también puede ser una profesión, que la cocina, la mecánica o la electricidad son espacios donde se puede crecer con dignidad.
En las aulas del Humboldt Zentrum, esa dignidad se construye paso a paso. Los jóvenes -la mayoría entre 17 y 22 años- mezcla, limpia, prueba, apunta. Vivian Almeida, gerente de gestión estratégica, explica que el principal reto de esta convocatoria no fue técnico sino humano: “A los cinco minutos teníamos quinientas aplicaciones. La juventud tenía mucha necesidad del programa, muchos sueños pendientes”.
Al final del ciclo, rendirán exámenes prácticos y teóricos ante la Cámara de Industrias y Comercio Ecuatoriano-Alemana para recibir su certificación internacional. La excelencia llega a fuego lento con un título, experiencia y destrezas que pocas veces se aprenden en clase.
Fuera del aula, las cifras se enfrían. El 59,8% de los jóvenes depende económicamente de sus padres, y la educación técnica todavía se percibe como un camino de segunda, para los menos aplicados. Pero algo empieza a cambiar. Diners Club del Ecuador apoya este modelo dual, que también opera en otras áreas: administración, mecánica, gastronomía, agricultura. Los resultados muestran que más del 70% de los jóvenes graduados consigue empleo en menos de seis meses, y eso es una gran diferencia en un país en el que los chicos pueden pasar hasta dos años buscando trabajo.
La jornada termina. Las cocinas se limpian, las ollas reposan. Ana Emilia guarda sus utensilios, Reichel acomoda los cucharones. Hablan de lo que viene. Los caminos de Reichel podrían llevarla a Roma. Ana sueña con su cafetería chill. Ninguna se imagina en un futuro perfecto, pero ambas saben que algo bulle desde ya. Si uno se detiene un momento, ese olor a guiso recién hecho, a oportunidad, podría ser la mejor forma de describir lo que ocurre aquí. En una cocina de Guayaquil, entre el ruido de los cuchillos y el silencio del aprendizaje, el futuro empieza a saber distinto.

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