Publicado en revista Mundo Diners 29.04.2026
Lalinchi (Eduardo Arreaga Burgos) es un artista dedicado a crear obras accesibles para las personas no videntes y a cuestionar las lógicas tradicionales de los museos. Con estas ideas en mente ha montado cuatro exposiciones y acaba de publicar un libro.
En 2017, Jorge Mora entró por primera vez en una exposición de arte pensada para personas no videntes. Frente a él no había vitrinas ni carteles que advirtieran “no tocar”. En esa muestra, titulada 'El Arte de Tocar', que se exhibía en el Museo Nahím Isaías, exploró relieves, formas y texturas de muchas obras.
“Tocar una obra te da la certeza de saber lo que tienes entre las manos”, dice Mora, presidente del Club de Deportes Adaptados Paralímpicos para Personas con Discapacidad Visual, Acacig Sporting Club. Y agrega que escuchar la descripción de una pieza ayuda, pero no reemplaza la experiencia directa de sentirla con el cuerpo.
Esa exposición fue iniciativa del artista e investigador ecuatoriano Eduardo Arreaga (Lalinchi), quien desde hace años lleva el arte a públicos que tradicionalmente están fuera del circuito museístico.
Su trabajo combina escultopintura -pintura con relieves tridimensionales- y lectoescritura braille. Este formato permite leer con los dedos el título, la técnica y una breve descripción mientras explora las formas y texturas de la pieza.
Para Lalinchi, la relación entre arte y tacto comenzó con un descubrimiento personal. “Desde que aprendí a leer braille me fascinó su lógica de 64 combinaciones para formar letras, números y signos”, cuenta. Le recordó al ajedrez que jugaba de niño, con sus 64 casilleros. Así pasó del arte de jugar ajedrez al arte de pintar obras táctiles.
Este proceso lo documentó en el libro Investigación y Sistematización de Modelos Accesibles para Museos Ecuatorianos – Análisis de Obras Táctiles y Recursos Digitales Existentes. Allí registra una serie de exposiciones diseñadas para que el arte se explore mediante el tacto. El libro consiste en la sistematización de 100 obras táctiles creadas con escultopintura y braille integrado en la superficie.
Las obras se exhibieron en cuatro exposiciones realizadas entre 2017 y 2020 en Guayaquil y Quito: ‘El Arte de Tocar’ (Museo Nahím Isaías, 2017); ‘El Braille y el Arte en Quito’ (Casa de la Cultura Ecuatoriana, 2017);‘Pictobraille – Arte Inclusivo para Todos’ (Museo Nahím Isaías, 2019); y ‘Estructuras Táctiles Ocultas en Braille’ (Museo Municipal de Guayaquil, 2019-2020).
Cada obra incluida en la investigación cuenta con ficha técnica, registro fotográfico y un código QR que conduce a un repositorio digital. El estudio también analiza los tiempos de interacción de visitantes con discapacidad visual y propone protocolos técnicos para el montaje de exposiciones inclusivas.
Traducir una imagen visual al sentido del tacto implica replantear completamente la obra. “Parto de una pintura tradicional, plana, donde todo es color”, explica Lalinchi. Luego la transforma en un mapa de relieves donde las líneas, las formas y las texturas se vuelven algo que se puede tocar con las yemas de los dedos. Pero el relieve no basta: “por eso incorporo el braille directamente en la obra. Es como pasar de mirar una partitura a escuchar la música: el tacto es el sonido”.
El arte y la discapacidad visual
En Ecuador están registradas más de 58.000 personas con discapacidad visual y la consigna general en los museos es “No tocar”. El problema va más allá de lo técnico. “No se trata de cambiar los museos físicamente, sino de cambiar la mentalidad de quienes los manejan. Ser inclusivo no es solo un discurso, implica una transformación profunda”, afirma Lalinchi.
En otros países, la tendencia es tener actividades continuas. El Museo del Prado, en España, desarrolló la exposición Hoy toca el Prado, con reproducciones en relieve de obras de Velázquez y Goya concebidas para explorarse con las manos. Mientras que el Metropolitan Museum of Art de Nueva York y la National Gallery de Londres también han desarrollado recorridos táctiles y programas educativos.
En América Latina, museos como el de Arte Moderno de Bogotá (MAMBO) incorporan audiodescripciones, reproducciones táctiles, mediación especializada y alianzas con colectivos de no videntes. Aunque todavía son iniciativas puntuales, reflejan una búsqueda cada vez más presente en la museología contemporánea: cómo ampliar la experiencia estética más allá de la mirada.
En Ecuador, el debate para integrar la accesibilidad desde el diseño curatorial apenas empieza y el libro es parte de la sistematización. A Mora, las exposiciones de Lalinchi le han dejado una sensación clara: “Sentí que por fin había un espacio pensado para las personas que vivimos con discapacidad visual”.
El libro se presentó el 22 de abril en la Biblioteca de las Artes de Guayaquil y forma parte de un proyecto más amplio que incluye un repositorio digital accesible con registros de las obras y audiodescripciones. La meta de Lalinchi es ambiciosa: que los museos ecuatorianos dejen de ser lugares donde el arte solo se mira.

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