sábado, septiembre 10, 2005

Instrucciones para organizar una fiesta sorpresa
He estado organizando la fiesta sorpresa para la musa inspiradora, y de la experiencia, tomé nota para no cometer errores la próxima ocas... cierto... no habrá una próxima ocasión.

En primer lugar, uno tiene que asegurarse de no ser el tipo más aburrido del universo (y de todos los universos paralelos), de tal manera que la gente tenga al menos la sospecha de que sí va a ser divertido el asunto.

Si es una fiesta sorpresa, hay que asegurarse de que la cumpleañera no sea la primera en enterarse. Si uno es demasiado sapo, es mejor no hablar con la cumpleañera para evitar caer en la tentación.

Si se está organizando una fiesta a las 19:00, nunca, pero nunca de los nuncas hay que dejarlo todo pendiente para cuando sean las 18:45 y empiecen a llegar los invitados.

Para asegurar el quorum reglamentario, hay que invitar a las amigas de la cumpleañera, no importa quiénes sean. De todos modos, la fiesta no es para el organizador, sino para la homenajeada.

si a la cumpleañera le gusta hello kitty (es sólo una mujer), no hay que ofrecerle una torta hello kitty, porque aprovechará la ocasión para EXIGIR su maldita torta de hello kitty.

no dejar a la vista regalos que son para otra. Especialmente, peluches de gorilas ridículos.

no planificar otras actividades para cuando sea la hora de la fiesta. (esta debió ser la primera instrucción)

Contar con un plan "B" (cosa difícil cuando no hay un plan "A")

si la idea es salir a algún lugar, al menos pensar en cuáles podrían ser las opciones antes de caminar sin rumbo por las calles, haciéndole creer a los demás que todo está fríamente calculado.

solicitarle a todo el mundo que si va a sacar plata del cajero, lo haga antes de ir a la fiesta. El único improvisado debe ser el organizador.

pedir permiso a la novia, si ella no puede ir. Si no quiere dar permiso, usar la violencia e ir de todos modos.

si se va al cerro Santa Ana, no ir con asmáticos que se estén muriendo antes de llegar al escalón 69.

evitar que la homenajeada se ponga a pelear con los meseros

no hablar tanto de Blanquita (mejor sería llevarla)

cuidarse de los paparazzis.

fingir que todo es felicidad, especialmente a la hora de tomarse la foto oficial.

Si de regreso hay que irlo a dejar a un australiano de ascendencia griega a su hotel en el centenario, ir en taxi. Si el australiano prefiere caminar, y los demás lo acompañan por solidaridad, dejarlos botados.

ser más persuasivo con el taxista, o ir en vehículo propio.
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